Manuel 11 miles at 89 degrees and 79% of humidity! Siguen las hazañas, los esfuerzos, los retos, pero hasta eso fastidia, necesitamos algo que nos haga mantener la atención, una caída, un desvanecimiento, un día en que Manuel no se pueda levantar aunque las condiciones sean óptimas. ¿Cuáles son las condiciones óptimas? Sé que no lo son 89 grados ni 80% de humedad, de otra manera no lo hubiera anunciado con todo y signos de exclamación. Pero ya no se ve el drama, el drama está en la derrota, en el fracaso, o en la meta, y la meta cada vez es más opaca, 11 millas, 22 millas, 5 millas, qué importa la distancia si el destino no luce claro.
Manuel running in a pouring day! That won’t stop me… La lluvia es solo un obstáculo más, una prueba a superar para demostrar la fortaleza que se posee, que se exhibe.
Hay algo exhibicionista en correr, más si se hace bajo la lluvia. Nadie pasa desapercibido si corre bajo la lluvia. No hay manera de verlo y no especular si corre porque no le importó el aguacero o si corre porque trata de llegar lo antes posible a casa para resguardarse. Pero Manuel lo tiene claro, él corre, sólo corre, corre solo, corre hacia el final y al llegar ahí seguirá corriendo, nada lo detiene.
Oswaldo Ya en casa! reflexionando acerca de lo que viene Como si se hubiera cansado de hacer las de Flitcraft, anuncia su llegada con la emoción de quien creyó que no volvería. Por eso, ahora tiene que reflexionar, porque si de verdad se había ido y pensaba no volver, si apenas por un segundo se le ocurrió la posibilidad de no regresar a su hogar, tendrá que pasar muchas horas pensando sobre el sentido del ahora y sobre todo el del mañana.
Pero no era Flitcraft el arquetipo adecuado para descifrar los sentimientos y las emociones que lo mueven. A menos que Flitcraft haya renunciado a su vida anterior por placer–quién sabe, no podemos estar seguros. Entonces, tenemos que volver a ese venir que quizás ni siquiera fue primero un ir, ese venir neutro y enigmático, simplemente viene, no sabemos si encima o en otra posición, tampoco si se le viene sólo a él o a alguien más. Y terminamos haciendo las preguntas básicas. ¿Son necesarias otras? A dónde va, de dónde viene, qué va, qué viene, son las mismas preguntas para todos; un filósofo se las hace e intentará decubrir el sentido de la existencia o se hará nuevas preguntas más complejas; un soldado en una alcabala se las hace y decidirá si disparar o no. Él se las hace y difícilmente pueda llamarlo de otra manera que no sea sibarita, porque aquel que no sólo disfruta sino que reflexiona sobre el placer venidero no merece otro nombre. Oswaldo Pensando en si voy a Munich o a Berlin
Manuel is begining a running training. Murakami ya ha pensado en lo que piensa mientras corre. Yo me pregunto sobre los pensamientos de Manuel mientras corre. O tal vez es de los que intenta despejar su mente hasta dejarla en blanco. Imagina el camino y nada más, se concentra sólo en cada paso, pero como cada paso llama casi automáticamente al siguiente, el paso desaparece de la conciencia y la vida se vuelve más y más sencilla. Quizás corre por eso, porque su vida no es tan sencilla como quisiera y mientras corre pareciera que desaparecen las dificultades, la única dificultad es llegar al final, hacer el mismo recorrido cada vez en menos tiempo, recorrer una mayor distancia cada vez, desfallecer menos tras cada carrera.
Yo, en cambio, soy de los que no corre. A veces miro con envidia a quienes salen muy temprano en la mañana con el único desafío de confirmar su autodisciplina. Nadie los espera en la meta salvo ellos mismos, nadie los celebrará, ni siquiera ellos mismos porque la única recompensa de cada carrera finalizada es el reto de comenzar la siguiente carrera. Es el reto de Prometeo, pero sin fuego robado a los dioses. ¿O tal vez sí? ¿Cuánta sabiduría hay en correr?