Oswaldo, el sibarita III

Los placeres son una búsqueda, e incluso muchos dirán que el placer está en la búsqueda, que el resultado no importa. Pero aquellos que piensen eso, se equivocan, un buen resultado demuestra conocimiento, tino, intuición, imaginación y sentido, todas características que el auténtico sibarita posee o busca desarrollar. Así como la perfección comienza con la práctica, la experiencia comienza con el ensayo. Oswaldo Esta noche experimento: Sopa Mongolesa, a ver que le va mejor si Viura o Sauvignon Blanc. ¿Alguien ha probado que es mejor?
No, no hemos probado, no nos hemos siquiera planteado la pregunta. La única vez que comí sopa mongolesa le pregunté al mesonero qué tenía para beber y en un español más mandarín que criollo me repitió la pregunta que le hice, “¿qué tiene que beber?”, como si la bebida se hubiera convertido en una necesidad-y nada más alejado del placer que la necesidad-, algo para pasar la sopa, ya que a pesar de su nombre el plato es más seco que líquido. Resignado, pedí simplemente una Coca-cola, esperanto de los restaurantes, sin embargo estoy seguro de que me trajeron Pepsi. Pero ni siquiera esos inconvenientes detendrían al sibarita, que es capaz de sacar los intercambios culturales del terreno del malentendido y llevarlos al lugar que conoce, que maneja, donde quiere estar. Oswaldo Aunque por ser el dia de Francia deberiamos cenar con Champagne.
Oswaldo, el sibarita II
Oswaldo @ tremenda cola por los campos de golf. Incluso las colas las vive con un gusto particular por los placeres. No es lo mismo agarrar tráfico en una zona industrial o en un cementerio o simplemente en la avenida tal o cual. Seguramente en lugares así Oswaldo también ha sufrido colas, pero la que le merece comentario, la que le impresiona es la que sufre junto a los campos de golf. Quizá la cola no es ni tan fuerte, es la idea de estar ahí atrapado en su carro y no caminando del hoyo 7 al 8 lo que se le hace tan insoportable. Es fácil imaginarlo dejando su carro ahí, en el medio de la calle, y tomando sus palos de golf para ir a jugar sin importarle más nada. Ojalá incluso el campo estuviera enrejado para que la escena incluyera un lanzamiento del saco de palos por encima de la reja y a Oswaldo trepandose y saltando hacia la libertad, hacia el placer. Claro que eso no sucedió, él siguió en su cola, resignado pero a sabiendas de que al final tendría su recompensa. Siempre llevará ventaja aquel que planea su vuelta a casa para darse a sí mismo lo que la cotidianidad suele negarnos con sus ritmos insensatos y su caos. Ahora, es fácil entender la emoción que expresó en su anterior regreso: Oswaldo Excelente cena de Malbec, syrah, Reggiano y Camembert!!!
Manuel, el corredor II
Manuel running in a pouring day! That won’t stop me… La lluvia es solo un obstáculo más, una prueba a superar para demostrar la fortaleza que se posee, que se exhibe.
Hay algo exhibicionista en correr, más si se hace bajo la lluvia. Nadie pasa desapercibido si corre bajo la lluvia. No hay manera de verlo y no especular si corre porque no le importó el aguacero o si corre porque trata de llegar lo antes posible a casa para resguardarse. Pero Manuel lo tiene claro, él corre, sólo corre, corre solo, corre hacia el final y al llegar ahí seguirá corriendo, nada lo detiene.
Oswaldo, el sibarita
Oswaldo Ya en casa! reflexionando acerca de lo que viene Como si se hubiera cansado de hacer las de Flitcraft, anuncia su llegada con la emoción de quien creyó que no volvería. Por eso, ahora tiene que reflexionar, porque si de verdad se había ido y pensaba no volver, si apenas por un segundo se le ocurrió la posibilidad de no regresar a su hogar, tendrá que pasar muchas horas pensando sobre el sentido del ahora y sobre todo el del mañana.
Pero no era Flitcraft el arquetipo adecuado para descifrar los sentimientos y las emociones que lo mueven. A menos que Flitcraft haya renunciado a su vida anterior por placer–quién sabe, no podemos estar seguros. Entonces, tenemos que volver a ese venir que quizás ni siquiera fue primero un ir, ese venir neutro y enigmático, simplemente viene, no sabemos si encima o en otra posición, tampoco si se le viene sólo a él o a alguien más. Y terminamos haciendo las preguntas básicas. ¿Son necesarias otras? A dónde va, de dónde viene, qué va, qué viene, son las mismas preguntas para todos; un filósofo se las hace e intentará decubrir el sentido de la existencia o se hará nuevas preguntas más complejas; un soldado en una alcabala se las hace y decidirá si disparar o no. Él se las hace y difícilmente pueda llamarlo de otra manera que no sea sibarita, porque aquel que no sólo disfruta sino que reflexiona sobre el placer venidero no merece otro nombre. Oswaldo Pensando en si voy a Munich o a Berlin
Manuel, el corredor
Manuel is begining a running training. Murakami ya ha pensado en lo que piensa mientras corre. Yo me pregunto sobre los pensamientos de Manuel mientras corre. O tal vez es de los que intenta despejar su mente hasta dejarla en blanco. Imagina el camino y nada más, se concentra sólo en cada paso, pero como cada paso llama casi automáticamente al siguiente, el paso desaparece de la conciencia y la vida se vuelve más y más sencilla. Quizás corre por eso, porque su vida no es tan sencilla como quisiera y mientras corre pareciera que desaparecen las dificultades, la única dificultad es llegar al final, hacer el mismo recorrido cada vez en menos tiempo, recorrer una mayor distancia cada vez, desfallecer menos tras cada carrera.
Yo, en cambio, soy de los que no corre. A veces miro con envidia a quienes salen muy temprano en la mañana con el único desafío de confirmar su autodisciplina. Nadie los espera en la meta salvo ellos mismos, nadie los celebrará, ni siquiera ellos mismos porque la única recompensa de cada carrera finalizada es el reto de comenzar la siguiente carrera. Es el reto de Prometeo, pero sin fuego robado a los dioses. ¿O tal vez sí? ¿Cuánta sabiduría hay en correr?
Oswaldo, el sibarita III
No, no hemos probado, no nos hemos siquiera planteado la pregunta. La única vez que comí sopa mongolesa le pregunté al mesonero qué tenía para beber y en un español más mandarín que criollo me repitió la pregunta que le hice, “¿qué tiene que beber?”, como si la bebida se hubiera convertido en una necesidad-y nada más alejado del placer que la necesidad-, algo para pasar la sopa, ya que a pesar de su nombre el plato es más seco que líquido. Resignado, pedí simplemente una Coca-cola, esperanto de los restaurantes, sin embargo estoy seguro de que me trajeron Pepsi. Pero ni siquiera esos inconvenientes detendrían al sibarita, que es capaz de sacar los intercambios culturales del terreno del malentendido y llevarlos al lugar que conoce, que maneja, donde quiere estar. Oswaldo Aunque por ser el dia de Francia deberiamos cenar con Champagne.
Oswaldo, el sibarita II
Oswaldo @ tremenda cola por los campos de golf. Incluso las colas las vive con un gusto particular por los placeres. No es lo mismo agarrar tráfico en una zona industrial o en un cementerio o simplemente en la avenida tal o cual. Seguramente en lugares así Oswaldo también ha sufrido colas, pero la que le merece comentario, la que le impresiona es la que sufre junto a los campos de golf. Quizá la cola no es ni tan fuerte, es la idea de estar ahí atrapado en su carro y no caminando del hoyo 7 al 8 lo que se le hace tan insoportable. Es fácil imaginarlo dejando su carro ahí, en el medio de la calle, y tomando sus palos de golf para ir a jugar sin importarle más nada. Ojalá incluso el campo estuviera enrejado para que la escena incluyera un lanzamiento del saco de palos por encima de la reja y a Oswaldo trepandose y saltando hacia la libertad, hacia el placer. Claro que eso no sucedió, él siguió en su cola, resignado pero a sabiendas de que al final tendría su recompensa. Siempre llevará ventaja aquel que planea su vuelta a casa para darse a sí mismo lo que la cotidianidad suele negarnos con sus ritmos insensatos y su caos. Ahora, es fácil entender la emoción que expresó en su anterior regreso: Oswaldo Excelente cena de Malbec, syrah, Reggiano y Camembert!!!
Manuel, el corredor II
Manuel running in a pouring day! That won’t stop me… La lluvia es solo un obstáculo más, una prueba a superar para demostrar la fortaleza que se posee, que se exhibe.
Hay algo exhibicionista en correr, más si se hace bajo la lluvia. Nadie pasa desapercibido si corre bajo la lluvia. No hay manera de verlo y no especular si corre porque no le importó el aguacero o si corre porque trata de llegar lo antes posible a casa para resguardarse. Pero Manuel lo tiene claro, él corre, sólo corre, corre solo, corre hacia el final y al llegar ahí seguirá corriendo, nada lo detiene.
Oswaldo, el sibarita
Oswaldo Ya en casa! reflexionando acerca de lo que viene Como si se hubiera cansado de hacer las de Flitcraft, anuncia su llegada con la emoción de quien creyó que no volvería. Por eso, ahora tiene que reflexionar, porque si de verdad se había ido y pensaba no volver, si apenas por un segundo se le ocurrió la posibilidad de no regresar a su hogar, tendrá que pasar muchas horas pensando sobre el sentido del ahora y sobre todo el del mañana.
Pero no era Flitcraft el arquetipo adecuado para descifrar los sentimientos y las emociones que lo mueven. A menos que Flitcraft haya renunciado a su vida anterior por placer–quién sabe, no podemos estar seguros. Entonces, tenemos que volver a ese venir que quizás ni siquiera fue primero un ir, ese venir neutro y enigmático, simplemente viene, no sabemos si encima o en otra posición, tampoco si se le viene sólo a él o a alguien más. Y terminamos haciendo las preguntas básicas. ¿Son necesarias otras? A dónde va, de dónde viene, qué va, qué viene, son las mismas preguntas para todos; un filósofo se las hace e intentará decubrir el sentido de la existencia o se hará nuevas preguntas más complejas; un soldado en una alcabala se las hace y decidirá si disparar o no. Él se las hace y difícilmente pueda llamarlo de otra manera que no sea sibarita, porque aquel que no sólo disfruta sino que reflexiona sobre el placer venidero no merece otro nombre. Oswaldo Pensando en si voy a Munich o a Berlin
Manuel, el corredor
Manuel is begining a running training. Murakami ya ha pensado en lo que piensa mientras corre. Yo me pregunto sobre los pensamientos de Manuel mientras corre. O tal vez es de los que intenta despejar su mente hasta dejarla en blanco. Imagina el camino y nada más, se concentra sólo en cada paso, pero como cada paso llama casi automáticamente al siguiente, el paso desaparece de la conciencia y la vida se vuelve más y más sencilla. Quizás corre por eso, porque su vida no es tan sencilla como quisiera y mientras corre pareciera que desaparecen las dificultades, la única dificultad es llegar al final, hacer el mismo recorrido cada vez en menos tiempo, recorrer una mayor distancia cada vez, desfallecer menos tras cada carrera.
Yo, en cambio, soy de los que no corre. A veces miro con envidia a quienes salen muy temprano en la mañana con el único desafío de confirmar su autodisciplina. Nadie los espera en la meta salvo ellos mismos, nadie los celebrará, ni siquiera ellos mismos porque la única recompensa de cada carrera finalizada es el reto de comenzar la siguiente carrera. Es el reto de Prometeo, pero sin fuego robado a los dioses. ¿O tal vez sí? ¿Cuánta sabiduría hay en correr?
