Manuel, el triunfador y VII
El silencio es lo que queda después de la carrera. Al menos eso fue lo que nos quedó de Manuel. Esperamos. Esperamos que nos dijera, que nos contara, que nos hablara de su participación en el Maratón de Nueva York, ¿lo terminó?, ¿en cuánto tiempo lo hizo?, ¿en qué lugar quedó?, ¿algo extraño le pasó durante el recorrido?, ¿cuánto tiempo necesitó para recuperarse después de semejante esfuerzo? Nada. No nos dijo nada. Calló. En una época donde no hay silencios inocentes, Manuel calló.
Esta serie la comenzamos nombrando a Murakami, que en un libro que tengo sobre el sofá promete decirnos de qué habla cuando habla de correr. Pero nosotros lo que queremos es saber qué piensa Manuel de correr cuando deja de hablar de correr, cuando cambia de tema, cuando cambia de intereses y hasta de régimen. Manuel Hoy me como mi primera Hallaca, la que no me comi la navidad pasada…UFFF! Hasta cambió de idioma. Manuel corre en inglés, interesante concepto, y deja de correr en español, concepto más interesante aún.
El idioma, el verdadero, el materno, es el último refugio. Sólo porque haya ido en búsqueda de ese refugio sabemos que a Manuel no le fue bien en el Maratón. Quizás no pudo terminarlo. Quizás no pudo mejorar su tiempo. Quizás no pudo alcanzar la meta que se había fijado. Quizás un calambre se atravesó en su camino. Quizás se abrió pasó ilegalmente entre la multitud de competidores y fue descalificado. No sabemos lo que pudo haber pasado y Manuel lo calla. Lo calla, otorgándonos el derecho a concluir lo que le sucedió. Manuel no pudo. Y por eso tiene que regresar a su lengua materna, a las hallacas de la Venezuela que dejó atrás en ese otro maratón que corren los inmigrantes; necesita volver a los días en que no había que probarse a sí mismo que sí se podía, que sí se era joven, que sí se era fuerte, que sí se era un triunfador. A Manuel no le fue bien en el Maratón y el resultado no nos duele, lo que duele es que no nos lo haya dicho.





